Nikolaj Canevari Rodríguez

En primer lugar, hasta el día de hoy, he vivido 11 meses en pisos compartidos, todos ellos ubicados en la ciudad de Alicante.  Por lo que, en la presente publicación, narraré mi experiencia viviendo en pisos compartidos. Y, como podréis leer a lo largo de la publicación, he vivido dos muy malas experiencias en dos pisos compartidos diferentes y entre 2022 y 2023. Dónde, mi residencia fue insufrible, viviendo experiencias indeseables e incluso recibiendo por parte de uno de mis arrendadores coacciones sin motivo alguno.

A continuación, comienzo a NARRAR:

Mi primera experiencia en un piso compartido fue en 2020, en un piso compartido ubicado en una calle transversal a la Avenida Rambla Méndez Núñez. Dónde compartí piso con tres compañeros más, uno de ellos era una azafata de Ryanair y otro un profesor. Recuerdo, que la habitación que alquilé era muy pequeña y el apartamento antiguo (necesitaba una reforma).

En este piso compartido mi estancia fue muy breve, estuve solamente un mes. Mi salida de este piso compartido fue debido a la convivencia con uno de mis compañeros, que a su vez era mi arrendador (a través de un Contrato de subarriendo, en el que él me alquilaba la habitación junto con otro de mis compañeros y ellos a su vez, alquilaban la propiedad a la propietaria) con el que discutí una vez porque por las mañanas cuando me iba a trabajar (sobre las 8:30 h) hacía ruido con los zapatos de vestir (con tacón).  Pese a siempre atender a mis obligaciones de limpieza y haberme comportado con cordialidad, fui expulsado del piso.

Por tanto, al tener que abandonar la habitación, busqué otro piso compartido para alquilarlo junto con un compañero de trabajo. Tras encuentros con inmobiliarias y particulares, conocí a un propietario (de varios apartamentos y edificios en Alicante) que nos alquiló dos habitaciones en un piso compartido ubicado en la Avenida Rambla Méndez Núñez. El piso compartido lo acababa de reformar (solamente el baño). En este piso, residí dos meses y lo compartí junto con mi compañero de trabajo y cuatro compañeros más. Durante mi estancia en el mismo no tuve ningún problema, atendiendo siempre a mis obligaciones de limpieza.

En 2021, volví a contactar al propietario que conocí en 2020 y me volvió a alquilar una habitación en el mismo piso compartido (en Rambla Méndez Núñez). Igualmente, lo compartí con otros cinco compañeros más y entre ellos, se encontraba un exmilitar del ejército de EE. UU. Asimismo, otra vez, durante mi estancia en el piso compartido no tuve ningún problema y siempre atendí a mis obligaciones de limpieza.

En 2022, volví a contactar al propietario que conocí en 2020 y que me había vuelto a alquilar en 2021, y me alquiló una habitación en un piso compartido ubicado en Castaños (todo el edificio era suyo). En este piso compartido, estuve tres meses y compartí piso junto con cuatro compañeros más. Mis compañeros: Un alemán que trabajaba como traductor de patentes y marcas y que traducía para la EUIPO – European Union Intellectual Property Office, un rumano desempleado (ex peón de obra con grado universitario) un camarero argentino y una estudiante colombiana. Al principio, no tuve ningún tipo de problema. Después, el argentino fue despedido por su empleador y estuvo unas semanas emborrachándose y drogándose, tocando la guitarra y cantando todo el día. Salía de fiesta y en ocasiones cantaba y tocaba la guitarra por la noche 3/6 AM. La convivencia era insoportable, molestaba a todos los compañeros y era insufrible vivir en el piso. Todos los compañeros comuniquemos al arrendador (propietario mencionado) la situación, incluso se lo comunicaron inquilinos de otros pisos compartidos del edificio. Por lo que, el propietario y arrendador habló con mi compañero argentino en numerosas ocasiones a través de llamada telefónica para que abandonase el apartamento, no obstante, el argentino hacía caso omiso de lo que le decía el arrendador y propietario del piso. Tras días de espera, el arrendador y propietario habló con él presencialmente y abandonó el piso días más tarde.

Durante el tiempo de este percance (semanas que el argentino estuvo molestando), en mi habitación se rompió nuevamente el pomo del pestillo interior (que sirve para cerrar la puerta de la habitación por dentro). Ya, que se me había roto anteriormente (durante el segundo mes de residencia) y tuve que estar unos días cerrando el pestillo metiendo la mano en la cerradura (perdiendo hasta 5 min y en alguna ocasión hasta 15 min para cerrar y abrir el pestillo de la habitación), lo cual era insoportable y sobre todo cuando me levantaba por la noche para ir al baño (compartido). Hasta que lo arregló un técnico subcontratado por el propietario y arrendador.

La segunda vez que se rompió (durante el percance), igualmente, se lo comuniqué al arrendador y propietario y me comunicó que me pusiera de acuerdo con el técnico que subcontrataba para que viniera a arreglarlo (el mismo llevaba varios pisos del propietario y arrendador).  El técnico me dijo que me esperara días, estuve más de una semana viviendo esta situación junto con el alboroto insufrible del argentino. Tras días esperando, una vez que cerré la puerta con el pestillo interior (sin pomo y sin cubierta) ya no había forma de volver a abrir la puerta y yo me encontraba encerrado dentro de la habitación.

Tras analizar la situación y hacer las diligencias pertinentes, para salir de la habitación tuve que golpearla con mi cuerpo de forma horizontal y con ello, se rompió el marco de la puerta. La puerta, ya no servía para nada, puesto que no protegía la habitación con el marco roto. Por lo que estuve dos días sin salir del apartamento debido a que tenía miedo de que me robasen mis pertenencias, hasta que el técnico pudo venir. Enmarco la puerta y cambió toda la cerradura de la puerta. Anteriormente, ya me había dicho el técnico (cuando arregló anteriormente el pestillo de la puerta) que era un apaño y que se debía cambiar toda la cerradura, no solamente el pestillo. No obstante, la puerta había sido tocada por un primer técnico español que subcontrataba y que no fue capaz de arreglarla y dos veces por el técnico de origen latinoamericano que fue quien lo solucionó (enmarcó puerta y cambió cerradura).

Tras todo ello, abandoné a mediados de diciembre la habitación debido a que me fui a Génova (Italia) a pasar la segunda quincena del mes con familiares. Asimismo, durante mi estancia en el piso, todas las semanas cumplí con mis obligaciones de limpieza.

En 2023, cuando regresé de Italia, me dirigí a otro piso compartido. El mismo, ubicado en el barrio de Benalúa, lo había alquilado a dos profesionales (que me arrendaron la habitación a través de un contrato de subarriendo, ellos a su vez eran arrendatarios de la propietaria) antes de irme a Italia. El mismo, lo compartí con cuatro compañeros más: Un argentino que trabajaba como asesor comercial en Tecnocasa Franchising S.p.A., un camarero venezolano, un italiano desempleado y un español que hacía un poco de todo y creo que poseía cierto nivel de minusvalía. En este piso compartido tuve percances con algunos compañeros, pero nada grave (uso de baño y cocina, zonas comunes). El italiano, que se drogaba con frecuencia: Venía a altas horas de la madrugada con mujeres y hacía ruido, pero era mayoritariamente durante los fines de semana y, como su habitación no estaba al lado de la mía, no me molestaba demasiado. El argentino, por lo contrario, sí me molestó en más de una ocasión con visitas. No obstante, la mala experiencia ocurriría en febrero de 2023, cuando uno de los arrendadores y profesionales decidió echarme del piso sin respetar el preaviso establecido en el Contrato. En principio me lo comunicó a través del medio de comunicación WhatsApp y después a través del mismo medio y llamadas telefónicas me molestaba. Tras decirle, que me iría en marzo porque no había cumplido con el preaviso establecido: Decidió venir con dos hombres más para desalojarme de la habitación y tuve que llamar a la policía nacional para evitar la situación. Después, me envió un burofax indicándome que abandonará la habitación en marzo y el mismo 31 de marzo de 2023 abandoné la habitación en presencia de los dos profesionales. Siempre atendí a mis obligaciones de limpieza. Asimismo, desde febrero de 2023 llevo tomando medidas legales contra el profesional/arrendador por los perjuicios ocasionados y, a mi entender, constitución de un delito de coacciones.

Mi opinión: Este tipo de negocio es usado por los PROPIETARIOS para maximizar la rentabilidad de sus propiedades. Sin embargo, para ello, infligen los derechos de los arrendatarios al alquilar solamente una habitación y no todo el apartamento. No respetando la Ley de Arrendamientos Urbanos y rigiendo el Contrato por el Código Civil (CC).

Entre sus consumidores más frecuentes, se encuentran ESTUDIANTES y EMPLEADOS TEMPORALES que se mudan a ciudades y no pueden permitirse alquilar un apartamento entero o no cumplen los requisitos establecidos por el propietario y/o inmobiliaria/intermediario. Que, a su vez, en ocasiones, INFLAN los REQUISITOS para no arrendar el apartamento entero y poder obtener más RENTABILIDAD, evitando el límite de precios. Por ejemplo, esta situación, se está produciendo de forma generalizada en Barcelona. Dónde, el alquiler de pisos compartidos está en alza.

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